La vida humana tiene una dignidad propia que no puede ser supeditada a ningún proyecto por más humanista que se presente

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Hilda del Carmen Landrove Torres nació en 1975 en Guanabacoa en La Habana. Posteriormente, la familia se fue a vivir a otro reparto habanero llamado Regla. Su padre era marino mercante y Hilda recuerda que los vecinos del barrio los consideraban como una especie de élite. Entre otras cosas porque tenían el primer televisor en la cuadra. Hilda creció en medio de la propaganda castrista y uno de sus deseos principales fue convertirse un una reportera de guerra. Che Guevara y Camilo Cienfuegos eran sus figuras favoritas. Acabados los estudios en la Escuela de Música ingresó en la mítica Escuela Vocacional Vladimir Ilich Lenin. Allí fue donde empezó a darse cuenta de lo irracional que era el sistema en el que vivían los cubanos. Esto culminó cuando trabajó de maestra. Se negaba a cumplir con los requisitos de las autoridades sobre los números de alumnos que había que aprobar y al final dejó esta profesión por completo. Posteriormente trabajó en la Asociación Hermanos Saíz. Sus tareas consistían en la organización de los eventos y en la comunicación con las autoridades. Allí empezó a tener contacto con las llamadas zonas grises en las cuales los artistas y la sociedad civil funcionaban de alguna manera. Sin embargo, se iba dando cuenta de que estos espacios no podía permanecer activos durante mucho tiempo debido a las represiones. Ella misma vivió el abuso cuando se enteró de que su teléfono estaba tomado. Recibía también pedidos de cancelamientos de eventos directamente del Ministerio de Cultura. Hace 13 años emigró a México, donde actualmente reside y estudia doctorado en Antropología. Promueve el diálogo sobre el futuro de Cuba y sigue participando en los debates sobre el presente y el futuro de la isla.